Que bonito es recordar. Como hace poco estuve unos cuantos días por mi casa, Chiclayo, los cuales me ayudaron a recordar gratos momentos de mi niñez.
Cuando uno es niño hace muchas travesuras y casi siempre esta buscando la manera de meterse en problemas. Las pichangas al caer la tarde, juegos como siete pecados, mata gente, las escondidas, lingo, el trompo, canicas (donde siempre perdía) y tantos otros juegos clásicos heredados de nuestros mayores e inventados para matar el tiempo.
Yo nunca olvidare todas las excursiones en bicicleta que hacíamos por cada pampa que encontrábamos, terrenos vacíos o simplemente por las calles de la ciudad para mostrar nuestras habilidades. Muchas caídas, moretones, raspaduras, llantas pinchadas, eran siempre el condimento infaltable en cada viaje.
Me acuerdo que la bicicleta que tuve la herede de mi hermano mayor, la misma que después de llantos y pataletas, hice que cambiaran a montañera. Lo peculiar de mi bici no sólo era el freno contra pedal ni los colores eléctricos puestos de moda allá por los 90, sino el sonido que hacia, parecía una moto.

Sí una moto! Yo cogia un globo de carnaval, esos con los que muchas veces hemos aterrorizados a las mujeres a las salidas de algún instituto en los meses de verano, los carnavales, y lo amarraba al marco de la bici. Lo hacia justo en uno de los fierros que sostenía a la llanta trasera, pegado en la zona de los rayos, de tal forma que al girar la llanta generaba el sonido de una moto.
- Oe zambito! Vamos a salir.
- Ya sale!
- No te olvides de sacar tu bici bien fea.
- Calla oe! YO TENGO MI MOTO YA !!!